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Arte y Cultura

Escultor cubano transfigura emblemáticos edificios de Nueva York

El cubano Alexandre Arrechea y su nuevo proyecto artístico en Nueva York
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El cubano Alexandre Arrechea y su nuevo proyecto artístico en Nueva York.

El observador se encontrará ante una exhibición al aire libre con esculturas de acero que llegan a alcanzar los siete metros de altura.

El escultor cubano Alexandre Arrechea ha triunfado en el mundo con sus obras, pero ahora enfrenta el reto de conquistar a Nueva York con una excepcional exposición, motivo por el cual fue entrevistado para Televisión Martí por la periodista Gina Barroso.

El escultor Arrechea, quien nació en la antigua ciudad colonia de Trinidad y es graduado del Instituto Superior de Arte de La Habana, ha transfigurado los edificios más famosos de Nueva York con diez enormes esculturas que se exhiben en la exclusiva Park Avenue para manifestar dilemas como el poder y el fracaso mediante la arquitectura más emblemática de la ciudad de los rascacielos.

Estamos ante una exhibición al aire libre con esculturas de acero que llegan a alcanzar los siete metros de altura, en estructuras de edificios como Chrysler, el Empire State o el Flatiron.

Hasta el próximo 9 de junio, desde la calle 53 hasta la 67 de Park Avenue, se podrá disfrutar de piezas como la del edificio Chrysler, representado en forma de serpiente saliendo de un rollo de película, o el Citigroup, esculpido sobre una peonza como la que los niños arrollar con una cuerda para lanzarla y hacerlo bailar.

Gina: ¿Que sentiste la primera vez que exhibiste fuera de Cuba?

Arrechea: La primera vez que expuse fuera de Cuba fue en Madrid en el año noventa y cinco con una galería que nos abrió caminos en Madrid y digo “NOS” por qué en ese momento yo colaboraba con mis amigos. Realmente fue impresionante esa experiencia, sobre todo porque de algún modo toda la esencia que nosotros traíamos de lo que hacíamos en Cuba comenzó a cambiar sobre todo porque yo entendía que era importante también dejarse llevar por la nueva realidad que habíamos de algún modo comenzado a vivir. Fue un shock bien grande sobre todo a nivel climático porque era la primera vez que experimentaba el frío. Sin duda fue también un shock muy grande a nivel de vida sobretodo comenzar a ver una dinámica diferente a la que estábamos acostumbrados y yo creo que esa dinámica fue la que de algún modo comenzó a darle a mi obra un punto diferente sobre todo porque yo entendía en ese momento que insertarse en el contexto de arte internacional era una labor que definitivamente había que hacer pero que tomaría muchos años y yo creo que desde ese momento me planteé en lo personal que había que realmente librar muchos obstáculos para llegar a un punto mucho más grande.

Gina:¿ Que te inspira?

Arrechea: La inspiración aparece de donde menos uno sospecha, yo creo que una de las cosas que por lo menos yo practico es siempre estar alerta y para mí cualquier situación puede desprender algo que luego yo puedo utilizar en mi obra. Y bueno obviamente hay una inspiración que tiene que ver con la cosa gremial, digamos los gremios de trabajadores como los tabaqueros en Cuba fue una fuente de inspiración muy importante para mí y el gremio de los azucareros, yo creo que hay una larga historia en Cuba de muchos siglos que para mí una vez que fui más consiente de mi proyecto, comenzó a ser mucho más importantes a tal punto de que cuando comencé mi anterior (otro) proyecto, un proyecto que hice con dos grandes artistas; Marco Castillo y Dagoberto Rodríguez, estuvimos trabajando en un proyecto juntos por aproximadamente doce o casi trece años y este equipo en principio digamos que una de sus razones es que rendía precisamente tributo a toda esa idea del gremio que ha significado tanto para la historia de Cuba en general. Nosotros cuando empezamos a trabajar digamos que un poco tenía esa impronta a ese principio de esa unidad que pudieron haber tenido los tabaqueros en el siglo diecinueve.

Gina: ¿Como surge el proyecto de Park Avenue en Nueva York?

Arrechea: Yo recibí un correo en Madrid de mi galería de aquí de “Nueva York” en la cual me invitaba a desarrollar un proyecto para enviarlo al (“board” de “Park Ave.”) que anualmente recibe proyectos de artistas para verlos y ver si se ajustan a los intereses de ellos para exhibirlos en (Park Ave.). Como todo realmente yo me lo tomo muy enserio y comencé a trabajar en una primera idea del proyecto de (Park Ave.) que en ese momento solamente incluía unas seis obras y a nivel de formato eran mucho más nobles que este formato que estoy haciendo ahora, eran más manipulables. Una vez envié este proyecto el (“board” de Park Ave.) lo acepto de modo unánime, a mí eso me dio una gran satisfacción obviamente por que no esperaba que algo así sucediera y yo tenía esta idea ya en ese momento girado en torno hacer una especie de dialogo con los edificios de la ciudad de Nueva York pero una vez que se me aprobó el proyecto, mi galería que siempre ha sido muy generosa conmigo en ese sentido me dijo que no me limitara a la hora de desarrollar el proyecto que si yo pensaba que las dimensiones no eran las correctas pues que las cambiara y si yo pensaba que la cantidad no era la correcta que también la cambiara y entonces por supuesto que lo hice. Acepté la tarea de comenzar a trabajar en desarrollar el proyecto a una dimensión mucho mayor y sobretodo lo hice porque yo quería de algún modo respetar digamos ciertos patrones de la arquitectura de Nueva York y esa magnificencia de los edificios y yo quería que la gente de algún modo el espectador pueda experimentar delante de mis obras un tipo de experiencia similar.

Alexander Arrechea, obra
Alexander Arrechea, obra
Gina: ¿Cómo decidiste el tema para estas 10 esculturas arquitectónicas?

Arrechea: Esta es la primera que hicimos; “Sherry Netherland Hotel”, y es la primera obra que se empezó a construir aquí en el taller de Brooklyn donde estamos ahora y como idea digamos que también fue la primera idea que yo comencé a manejar entorno a Nueva York porque a mí me parecía o me parece esa ciudad que constantemente se está devorando así misma para renacer de un modo diferente y yo creo que digamos esa metáfora de Nueva York quería de algún modo emplearla en mi obra y por eso escogí esta figura mitológica del “u roboro” que es la serpiente que se devora asimismo para completar esta idea. A partir de ahí obviamente empecé a generar otras esculturas que digamos empiezan a utilizar ese principio de intersectar la arquitectura de Nueva York con esas otras realidades o esos otros elementos e incluso elementos arquitectónicos que me pueden dar como una nueva realidad. Estas diez piezas tienen un aspecto de caligrafía, parecen letras, yo lo veo como un nuevo lenguaje con el cual se puede conformar un nuevo texto una nueva realidad obviamente una vez se compone con todos ellos.

Gina: Me has dicho que eres muy crítico he inconforme contigo mismo. ¿Que tan difícil es exponer en las calles de la capital del mundo?

Arrechea: Yo soy un tipo muy inconforme y yo pienso que lo último que hice a los pocos meses ya se me hace aburrido y viejo y entonces intento sobreponerme a esa última experiencia. Ha sido un proceso largo pero a la misma vez muy divertido también. Casi siempre que he hecho mi obra he tratado de controlar cada aspecto de ella y digamos que como un pastor la labor, voy como llevando mi arte a lugares que me siento confortable y obviamente si Nueva York recibe este proyecto con la (funcionalidad) que tú estás hablando por supuesto que va hacer muy importante para mí ya no tendré control en ese momento de lo que pase, ya será de dominio público. Una de las cosas que yo he pensado sobre la gente aquí en Nueva York es que también puedan participar no solo del evento a nivel visual sino que físicamente ellos también puedan ser partícipes y de algún modo interactuar con las obras. Es la razón por la cual yo diseñé dos de ellas de un modo participativo y en este caso se trata de dos trompos y como son dos juguetes yo quería que la gente pudiera realmente moverlos y los puedan rotar, además son estructuras bien grandes entre diez y seis a veinte pies de altura lo que tienen cada una pero precisamente yo creo que como metáfora es válida porque yo creo que no hay estructura por grande que sea que no pueda ser cambiada y yo creo que de algún modo esa es mi intención, el que la gente pueda hacer girar estos edificios y darles la posibilidad a nivel metafórico de que cada uno de nosotros puede cambiar lo que se le antoje.
Sin duda alguna estas obras han sido hechas con mucho amor. Yo siempre he sido un artista que busca el aspecto crítico de determinada circunstancias pero también me dejo llevar, en el caso de Nueva York este proyecto también constituye una especie de tributo. Es una ciudad que también te ofrece mucho y en cambio uno tiene que también darle lo mejor de sí para que ese diálogo llegue a buen puerto.

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Rescatan colección de radionovelas hechas por exiliados cubanos en EEUU

Fragmento del manual sobre telenovelas de la colección de la Biblioteca Latinoamericana de Tulane. Tomado de digitallibrary.tulane.edu.

La Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane, en la ciudad de Nueva Orleans, atesora en formato digital una importante colección de radionovelas hechas por exiliados cubanos en Estados Unidos.

La Colección de Radionovelas Cubanoamericanas Louis J. Boeri y Minín Bujones Boeri abarca producciones creadas entre 1963 y 1970 en un estudio ubicado en el emblemático edificio miamense "Freedom Tower" y el manual ¿Qué es y cómo se produce una Radionovela?, ahora en formato PDF.

La mayoría son novelas radiales pero también incluye comedias, programas de consejos y autoayuda, dramas bíblicos, misterios, historias de espías, y espectáculos de variedades.

Entre los títulos disponibles en formato digital están “Amarga espera”, “Carmiña”, “El Camino infinito”, “El látigo blanco”, “La hora del Misterio”, "La hora trece" y “Se soltó el loco con Pototo”.

La productora America's Productions, Inc. (API) logró colocar sus programas en emisoras del gobierno estadounidense, en cientos de estaciones de América Latina y España, y en emisoras en español en EEUU, informa la biblioteca.

Para el centro de estudios, la colección representa "un recurso único para el estudio de la historia de los nexos políticos, culturales y comerciales entre Estados Unidos y Cuba a través de la radiodifusión pública durante de un momento crítico del siglo XX."

[Con información de la Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane]

20 de Mayo de 1902: avances del descalabro

La bandera cubana el 20 de mayo de 1902.

El autor rescata y comenta algunos incidentes callejeros que tuvieron lugar ese día en La Habana.

A Lesbia de Varona, bibliotecaria ejemplar

Nada para un cubano exiliado, amante de las cosas de su país, como una visita al Archivo Cubano de la Biblioteca de la Universidad de Miami, donde entre documentos, libros y colecciones de periódicos y revistas publicados en la isla a lo largo de los siglos XIX y XX, el visitante acaba por sentirse no sólo contemporáneo de todos los suyos --José María Heredia, Félix Varela, José Martí y otros incluidos-- sino repatriado.

Hay papeles que huelen a Cuba y un polvillo que se levanta de ellos y se adhiere a las yemas de los dedos al punto de confundirse con la piel, ávido de mezclarse con el nuestro que, aunque no lo advirtamos, también se adhiere a las publicaciones. Hay tintas que parecen haber goteado de la noche de la isla y páginas que al ser hojeadas susurran algo y exhiben manchas idénticas a las que cubren las manos de nuestras ancianas.

“La Habana en el primer día de la independencia”, un artículo publicado por Vicente del Olmo en un número de la revista “Carteles” correspondiente a mayo de 1952 y preservado en el Archivo Cuba de esa biblioteca, no sólo ofrece una idea exacta de los hechos que tuvieron lugar cincuenta años atrás sino del espíritu de celebración callejera que embargó al país, espíritu que algunos cubanos posteriores, con agenda propia e intereses ambiguos, borrachos de consideraciones extemporáneas, han pretendido y logrado emborronar.

Vicente del Olmo describe el ritual del cambio de poderes, la multitud jubilosa, las decoraciones azules, blancas y rojas, los arcos triunfales que se levantaron en diversas calles, los discursos, el momento en que el general Leonardo Wood y sus tropas abandonaron Cuba, los fuegos artificiales y el banquete ofrecido a Tomás Estrada Palma en el Teatro Nacional. Condénese lo que hay que condenar, pero no se amargue demasiado la fiesta:

A las 12 y 8 minutos, saludada por salvas de artillería y enormes aclamaciones del público estacionado en la Plaza de Armas, en el asta del Palacio Presidencial izose la bandera cubana. Las fuerzas norteamericanas y cubanas, tocando himnos, presentaron sus armas. Los generales Máximo Gómez, el caudillo de la Revolución, y Leonardo Wood, jefe de las fuerzas de ocupación –la intervención militar duró desde 1899 a 1902— después de arriado el pabellón de las estrellas del Norte, levantaron al aire la gloriosa enseña nacional de Cuba. El estampido del cañón, las bandas de música, las patrióticas aclamaciones del pueblo y las campanas de los templos que se echaron al vuelo, uniéronse en el saludo. La emoción patriótica hacía presa en todas las almas.

En medio de ese panorama exaltado, Vicente del Olmo registra un par de incidentes que 117 años después, a pesar del drama que supone el primero de ellos, invitan a esbozar una sonrisa y, si se les presta mayor atención, a meditar.

El cronista recuerda que el primer “20 de Mayo” tuvo lugar un crimen en la Plaza del Polvorín y describe el motivo: el guardia Urbano Collazo Hernández, al suspender un baile, fue asesinado por uno de los adoradores de Terpsicore... Si matar a un hombre por la razón expuesta es una barbaridad, la existencia en La Habana de un supuesto devoto de la musa griega del canto coral y la danza no sorprende menos. ¿Cómo puede reconciliarse la significación de los hechos que tenían lugar ese día con la furia de ese bailador y la evocación, en la prensa capitalina de mediados del siglo XX, de una hija de Apolo?

Nada hay que reconciliar: el disparate es consustancial a Cuba desde sus albores como nación. Quien lo dude debe buscar las décimas de Manuel de Zequeira y Arango (1764-1846) escritas, según título y subtítulo, Con motivo de cierta reunión de sujetos de buen humor el día 1 de enero de 1811 (mes y día no deben pasarse por alto). Transcribo la primera de ellas:

Yo vi por mis propios ojos
(Dicen muchos en confianza)
En una escuela de danza
Bailar por alto los cojos.
Hubo ciegos con anteojos
Que saltaban sobre zancos.
Y sentados en los bancos
Para dar más lucimiento
Tocaban los instrumentos
Los tullidos y los mancos.

Vicente del Olmo da fe de otro hecho curioso: la caída desde un árbol que sufrió José Pazo y Álvarez, en el Parque Central, al entusiasmarse y aplaudir, perdiendo el equilibrio por la falta de apoyo, a la bandera cubana que pasaba. El teatro español abunda en personajes cuya caída del caballo presagia lo peor: el predominio de las pasiones sobre la razón, la perdición del jinete. La mitología griega y la Biblia advierten sobre la fatalidad de caer. No puedo leer la noticia del suceso sin adivinar en el percance del patriota entusiasta un augurio del descalabro que sufriría la República.

Entre las muchas actividades que tuvieron lugar aquel día destaco una función gratuita ofrecida por el Circo Pubillones para los vecinos más humildes de La Habana. Un afiche de la compañía muestra a una joven domadora, armada de látigo, entre seis leones. Ni un elefante, un chimpancé, un caballo, un perro, animales inofensivos; ni siquiera un payaso o acróbata: cinco fieras que rugen, muestran los colmillos, y una sexta que además de secundarlas salta impetuosa a través de un aro de fuego. Mirándolas fijamente me ha parecido verlas encarnar las seis provincias en que estuvo dividida la isla desde 1878 hasta 1976, y ver en la joven domadora inexperta, una representación de la República misma poco antes de ser devorada.

¿Fue Kandinsky el pionero del arte abstracto?

Obra de la pintora sueca, Hilma af Klint. Foto VBermúdez

Hasta ahora, todos los tratados, manuales y libros de Historia del Arte han reseñado e impartido en las universidades que la primera pintura abstracta la realizó el artista plástico ruso Vasili Kandinsky en 1911.

Kandinsky, además, escribió libros como “De lo Espiritual en el Arte”, y “Punto y Línea Sobre el Plano”, en los que explicaba sus teorías sobre su informalismo, donde la figura antropomórfica había desaparecido de sus cuadros.

A partir de esa fecha, el abstraccionismo se convirtió en una tendencia muy en boga en la pintura que ha llegado hasta nuestros días, convirtiéndose en la modalidad central que desarrollaron a lo largo de su vida artistas como Piet Mondrián, Kasimir Malevich, Jackson Pollock y De Kooning, por mencionar sólo a unos pocos.

Pero ahora el conocimiento de que corresponde a Kandinsky la primera obra abstracta, va a cambiar. El Guggenheim de New York acaba de presentar una exposición de la pintora sueca, Hilma af Klint, que presenta obras de esta artista que en 1906, cinco años antes de la acuarela de Kandinski, ya trabajaba la abstracción.

Las pinturas de Klint estuvieron guardadas hasta 1986, veinte años después de su muerte, porque ella consideraba que su época no estaba preparada para el arte abstracto.

Por último, hay que destacar que Klint nunca participó en exposiciones ni movimientos artísticos.

"Dos espías en Caracas", una novela sobre la ocupación cubana en Venezuela

Fidel Castro recibió a Chávez en el Aeropuerto Internacional José Martí el 13 de diciembre de 1994.

El escritor y periodista venezolano Moisés Naím se ha liberado del "yugo de la no ficción" para revelar en una novela cómo Hugo Chávez construyó el Socialismo del siglo XXI "bajo la tutoría, la guía y el control del régimen de La Habana".

"Dos espías en Caracas", que saldrá a la venta en Estados Unidos el próximo 21 de mayo, tiene como protagonistas a Eva, agente de la CIA, y Mauricio, agente de la inteligencia cubana, que viven su amor en medio de las intrigas, crisis y constantes cambios que se suceden a la par que avanza la revolución de Chávez en Venezuela.

Naím, de 66 años, señala en una entrevista con Efe que la novela es producto de la "frustración" por no poder comprobar cosas que sabía que estaban sucediendo en Venezuela y que, por tanto, se le quedaban en el tintero de sus artículos, columnas y programas de televisión.

"Decidí que me iba a liberar del yugo de la no ficción y que iba a contarlo como una novela", explica por teléfono este periodista galardonado con el Premio Ortega y Gasset y tres Premios a la Excelencia de la Sociedad Americana de Editores de Revistas.

Naím lleva más de veinte años viviendo fuera de Venezuela, aunque ha seguido investigando, analizando e informando fehacientemente sobre una realidad que es el sustento de su primera pero no última novela, pues, según dice, ya va "por el quinto capítulo" de la próxima, que "no tiene nada que ver con Venezuela".

Era ministro de Fomento de Carlos Andrés Pérez cuando el 4 de febrero de 1992 un grupo de militares, entre ellos el teniente coronel Hugo Chávez Frías, intentó apoderarse del poder, un episodio con el que comienza "Dos espías en Caracas", que finaliza con la muerte de Chávez en 2013.

Según dice, fue uno de los primeros en avisar de la "ocupación de Cuba en Venezuela, una ocupación furtiva, clandestina y secreta, pero determinante", que no se puede negar "porque sería como pretender tapar la luna con un dedo".

Aunque alentó a sus colegas periodistas, corresponsales extranjeros y académicos a investigar cómo "el gobierno de otro país había tomado el control", todos los intentos fracasaban, porque era una ocupación "invisible", porque "por definición era secreta".

"Mi liberación fue decir, bueno, voy a escribirlo como si fuera una ficción, aunque yo creo que realmente ocurrió en la realidad", subraya este ensayista, escritor y periodista, que ha publicado previamente una decena de libros de no ficción.

Naím se preocupó de que "Dos espías en Caracas" fuera una novela por más que estuviera sustentada en la realidad y que en la trama aparecieran personajes reales con nombres y apellidos verdaderos.

No quería hacer un tratado académico ni un texto didáctico o pedagógico. Tampoco un manifiesto. Lo que quería era crear una obra de ficción "accesible, interesante y divertida para una gran audiencia", subraya.

"La intención" es dar a conocer lo que sucedió en mi país a través de una historia divertida de leer", en la que se "entremezcla la gran Historia con la pequeña historia", dice en respuesta a una pregunta de Efe.

Eva y Mauricio son personajes de ficción, pero hay otros de los que intervienen en la historia que son composiciones de distintos personajes reales que Moisés Naím conoció o de los que supo por su trabajo periodístico.

No hay nada autobiográfico en "Dos espías en Caracas", dice y al respecto precisa que le hubiera parecido "muy narcisista" insertarse en una "historia tan importante" por el hecho de que él fuera parte del Gobierno venezolano en la época en que arranca la trama.

Naim se muestra reacio a hablar de la situación actual de Venezuela, pero sí es claro en señalar que la "tragedia" actual fue "creada y sembrada" durante la Presidencia de Chávez.

Nicolás Maduro, el presidente a quien no reconocen como tal más de medio centenar de gobiernos, el de Estados Unidos incluido, los cuales apoyan a Juan Guaidó, titular de la Asamblea Nacional, no ha "alterado de manera significativa las políticas que Chávez impuso en Venezuela, ni la forma de hacer política, ni las relaciones internacionales".

Lo que sí ha cambiado es que Maduro es "menos talentoso y carismático" que Chávez, y "más importante" aún, "no tiene su misma chequera".

Chávez tenía "una infinita cantidad de dinero", producto de la venta de petróleo a precios elevados, y del "endeudamiento del país", pues pese a esa abundancia, "pedía prestado".

Naím, que presentará "Dos espías en Caracas" el 21 de mayo en una
librería de Miami, anunció que en octubre saldrá la edición en inglés y ya se han vendido los derechos para la traducción a otros idiomas.

En América Latina y España ha tenido la "gratísima sorpresa" de que la novela está teniendo éxito, dice el escritor, al que le encantaría que llegara a su país, pero la situación económica no lo hace posible.

“Aquí lo que hay es que irse”, una novela sobre el síndrome cubano de la estampida

Un cubano en el Malecón observa la llegada de un buque español a la Bahía de La Habana.

La escritora Verónica Vega, quien estrenó este sábado el libro “Aquí lo que hay es que irse” (Neo Club Ediciones) en el Café Demetrio de Miami, conversó con nuestros oyentes sobre el significado de la frase que da título a su primera novela.

Invitada al programa de Radio Martí “Entre Nosotros”, conducido por el escritor Orlando González Esteva, la autora comentó sus impresiones del exilio cubano de Miami, ciudad que visita por primera vez, el desarraigo de los cubanos y lo que ella denomina el síndrome de la estampida.

“Me siento como parte del síndrome de la estampida que existe en Cuba, lamentablemente. Uno vive en Cuba tratando de fundar algo y estás como fundado algo y todo el tiempo ves cómo se deshace. Es un trabajo que nunca termina y es la lucha contra la desesperanza”, dijo en su entrevista con González Esteva.

Sobre el título de su primera novela, la escritora residente en la isla explicó la dureza de vivir en Cuba, un país donde “todo el mundo te maltrata” y los cubanos se sienten como intrusos o extraños y a la misma vez sienten un profundo amor por su tierra.

La autora reflexiona sobre la frase “Aquí lo que hay es que irse”, unas palabras, que a su juicio están cargadas de dolor porque una vez que los cubanos abandonan la isla, mantienen una “relación dolorosa y entrañable” con Cuba, que los mantiene atados por un cordón umbilical.

“Es un sentimiento que arrastras a donde quiera que vayas”, dijo.

Vega es parte del grupo de artistas que ha protestado contra el Decreto 349, por considerarlo como una herramienta para ejercer la censura.

Hoy dice que vive como muchos cubanos en un “insilio” donde no pertenece a nada y no tiene ningún vínculo con el Estado.

“Fui parte del proyecto Omni Zona Franca y del Festival Poesía sin Fin y había instituciones que, aunque con cierta suspicacia, podían ayudarnos.Ahora no pasa así. Y todo lo tenemos que hacer desde nuestras casas, con el Decreto 349 ni siquiera puede hacerse desde la casa”, apuntó.

Nacida en La Habana en 1965 y con un padre que emigró a Estados Unidos en 1968, la autora cuenta que vivió el dolor de la separación familiar y la frustración de no poder abandonar el país en 1980, cuando con el éxodo del Mariel su familia se quedó esperando un barco que nunca llegó.

“Siempre viví con la idea de que íbamos a vivir en Estados Unidos”.

Vega ha transitado por varias manifestaciones artísticas como el teatro, la pintura y finalmente la literatura donde ha publicado libros de cuentos, de literatura infantil y tiene dos novelas en progreso. Es colaboradora de sitios digitales como Havana Times y Diario de Cuba.

[A partir del Programa Entre Nosotros, conducido por Orlando González Esteva]

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