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Arte y Cultura

Armando de Armas: "El exilio político es una pequeñez al lado del exilio del alma"

Armando de Armas, escritor cubano y periodista de Radio Martí. Residente en Miami. (Foto cortesía)

Este segmento de "Dile que pienso en Ella" abre sus puertas esta semana para recibir al escritor cubano y periodista de Radio Martí, Armando de Armas. Claridad, intensidad y altura son tres adjetivos justos para definir esta presentación, que va mucho más allá de lo "nacional cubano" para ubicarnos justamente en un tiempo y un espacio inclusivo, sin concesiones chauvinistas.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

En 1989 había escapado de una cárcel en Camagüey, después de un enfrentamiento físico con elementos de Tropas Especiales, con una alardosa –alardosa por sangrante- herida a causa de un culatazo de pistola Makarov en la cabeza y sin haber recibido atención médica alguna (lo curioso acá es que, hace unos días, en Miami, 30 años más tarde, durante un chequeo de rutina, resulta que sale a relucir que tengo un vacío en el cráneo de más de una pulgada debido a una fractura de cráneo que, obviamente, soldó sola y sin saberlo yo. Según el médico, me salvé porque sangré).

Luego me vinculé, a través de mi difunto amigo, actor y ex preso político por 18 años, Justo Quintana -quién se exilió poco tiempo antes que yo-, a un grupo de Miami que actuaba clandestinamente dentro de Cuba (¡mira qué cosa, ahora los clandestinos se han puesto de moda!), que se nombraba El Ex-Club y era comandado por Rolando Borges, que también cumplió una larga condena de prisión; ambos estuvieron involucrados en planes para despachar a Fidel Castro al otro barrio.

Bueno, ese accionar en las sombras, el llevar una vida al margen de las normas sociatas y el empeñarme en una escritura libre -escritura alimentada, por cierto, en esa vivencia-, hicieron que se estrechara el cerco sobre mi persona, de modo que tuve que escoger entre regresar a las rejas o escapar y, claro, escapé clandestinamente.

Conmigo en esa fuga traje los manuscritos de toda mi obra escrita en Cuba y que ha sido publicada después en el exterior, novelas como La tabla, cuya segunda edición se presentará el próximo 21 de febrero.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Que la policía política no tocara a mi puerta a las tres de la madrugada.

¿Qué encontraste?

Que la policía política no ha tocado a mi puerta a las tres de la madrugada.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Que el exilio político es una pequeñez al lado del exilio del alma.

¿Qué es para ti la libertad?

La defensa de la personalidad frente a la amenaza de la avalancha de lo colectivo, feo, deforme y masificador, del caos en suma, de modo que uno pueda someterse a un orden superior, sostenido en la exaltación de los valores jerárquicos, aristocráticos y cualitativos. La libertad, como el amor, es asunto de seres superiores, del hombre diferenciado.

Un mono no es libre porque salta de rama en rama, ni un caballo salvaje porque corre la crin al viento en una planicie, el primero está atado a las ramas y el segundo a la planicie. El hombre común está atado, y de qué manera, a las apetencias de su estómago y de su sexo. Sólo el atarnos al espíritu y a los ordenamientos que de él emanan nos hacen libres.

La causa verdadera de la decadencia de Occidente contemporáneo reside precisamente en el hecho de que los valores espirituales que una vez impregnaron el orden social han sido soslayados, sin que se haya sabido sustituirlos por otra cosa que no sean naderías historicistas y materialistas; por una fanática religión racionalista.

¿Ejemplos cercanos de esas naderías, religión usada como sucedáneo de lo superior? En Cuba quitaron al Cristo de las casas y pusieron al Castro. En EEUU quitaron la oración de las escuelas y han puesto el dogma de lo políticamente correcto.

El problema -según aseguraba el eminente filósofo italiano Julius Evola (1898–1974)­- es que se ha descendido al nivel de factores económicos, industriales, militares, administrativos y, como máximo, sentimentales, sin darse cuenta que todo esto no es más que mera materia, necesaria hasta donde se quiera, pero nunca suficiente, para producir una ordenación social sólida y racional, apoyada sobre sí misma, de la misma forma que el simple encuentro de fuerzas mecánicas no producirá jamás un ser viviente.

En esa ecuación enunciada por Evola no hay cabida para la libertad. La libertad política no sería más que el resultado ulterior de la libertad de espíritu.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Mira, mi concepto de patria es contrario al de José Martí. La patria de Martí es política, social, revolucionaria, reivindicativa, romántica. Mi patria es paisaje, tierra y sangre, Cienfuegos, Sta. Clara, el cabaret Guanaroca en la primera y el bar La Diana de la segunda, donde mi padre, un santo varón, tuvo una sangrienta reyerta a botellazos y puñetazos, La Habana y, claro, Cuba.

Mi patria es la misma de Gertrudis Gómez de Avellaneda, un bello territorio que pertenecía, en tanto provincia, al imperio más grande que jamás haya existido, el Imperio español -ese donde, en tiempos de Carlos V, jamás se ponía el sol-, y que, por si fuera poco, entronca con el padre de Europa, el Imperio romano.

El concepto patrio de Martí, es el del Estado nación que surge en el siglo XVII con el tratado de Westfalia, al final de la guerra de los Treinta Años (1648), que se manifiesta trinitariamente como revolución liberal, revolución burguesa y revolución industrial, pero que ya tiene sus antecedentes en la brutal escabechina de la revolución francesa.

La apoteosis de esa creación del XVII tiene lugar en el XIX, el tiempo de Martí. El Estado nación es artificial, un invento de la modernidad desasido de toda sacralidad y de toda tradición, un invento en que la monarquía y el heroísmo han sido sustituidos no por la libertad, como se nos ha hecho creer, sino por la banca y la propaganda.

Una nación para mí concepto se acerca a la definición que da el filósofo alemán Oswald Spengler (1880-1936) en el sentido de que se manifiesta en una cultura que ha llegado a desarrollar un pueblo dado por al menos mil años, pero hay pueblos que nunca llegan a ser cultura y, por ende, nación.

Así, los cubanos tenemos poco más de 500 años de historia, luego somos apenas un pueblo, multitud de pueblos han desaparecido en el enrojecido remolino de la historia sin llegar a ser nunca una cultura, ¿quién se acuerda hoy de los pueblos prehelénicos, los pobres pelasgos?, ¿quién, de los pobres y apocados guanajatabeyes, acorralados hacia el extremo occidental de la isla antes de la llegada de los españoles por esos feroces supremacistas, que fueron para ellos los siboneyes y taínos?

Bueno, pobres y apocados y todo, los guanajatabeyes parece que han dejado huellas en este hemisferio al menos desde el 1000 antes de Nuestro Señor Jesucristo.

Para mí, la patria depende y se enmarca dentro de una cultura. La cultura, por tanto, es superior a la patria y puede abarcar varias patrias, está regida por un espíritu específico y tiende a expresarse en el imperio o en la idea imperial.

Gracias a los grandes imperios, el mundo pudo pasar de espantar el hambre con un palo, y las interminables guerras intertribales, a largos periodos de paz y prosperidad, que dieron lugar a espacios habitables, tan amables y de tanta altura en todas las ramas del arte, el saber y lo numinoso, como eso que hemos dado en llamar Civilización occidental.

Las culturas, y el espíritu que las determina, son cíclicas y por lo mismo estoy persuadido de que el imperio o la idea imperial estará de vuelta como parte de un nuevo espíritu epocal, que no sería otra cosa que el regreso, en alguna medida, a periodos históricos anteriores; anteriores a la revolución francesa al menos.

Por supuesto, no es que regresaremos con los carruajes de caballos, las espadas y la luz de los candelabros, regresaremos en los modos de gobernarnos, de los valores, de las relaciones sociales, de las relaciones económicas y de las relaciones del hombre con lo divino.

En ese nuevo mundo, muy viejo en verdad, no tendrán cabida los estrechos nacionalismos que tanto mal han hecho a la humanidad. Para darse cuenta de que la idea de la historia como un devenir no rectilíneo sino circular -en espiral más bien- no es una idea descabellada, baste con echar un raudo repaso a la historia y ver que, por ejemplo, el periodo del fin del imperio romano se parece más a nuestra época que al periodo medieval que le sucedió, y que el periodo renacentista está más cerca de la antigüedad grecolatina que de la misma Edad Media que viene sustituir. El hombre de la caída de Roma es tan moderno, decadente y desasido de toda divinidad, como el hombre del presente. Mi patria por tanto, es una cultura y, sobre todo, un idioma, el idioma español, ahí es que habito hasta ver si un día Dios permite que pueda regresar a la patria del paisaje, la tierra y la sangre.

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Socialismo del siglo XXI: consecuencia de no haber hecho nada con Cuba

Los últimos dos libros de la ensayista argentina Antonella Marty.

La autora argentina Antonella Marty dijo a Radio Televisión Martí que está convencida de que si, desde hace más de medio siglo, los gobiernos democráticos y liberales del hemisferio occidental hubieran actuado contra el totalitarismo cubano, entonces la región no estaría sufriendo los males del Socialismo del siglo XXI.

“Hoy Venezuela y todo ese Socialismo del siglo XXI es una clara consecuencia de no haber tomado acción y de no haber hecho nada con Cuba”, afirma Marty, directora del Centro de Estudios Americanos en la Fundación Libertad y directora asociada del Center for Latin America en Atlas Network.

“Una de las características de la Revolución Cubana es su carácter expansionista”, subraya Marty, mientras recuerda la fotografía, que pudo ver en su único viaje a Cuba, en el Museo de la Revolución, donde aparece Fidel Castro entregándole un pasaporte falso al guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara para viajar a crear focos de subversión en la región. Una acción que considera “también una característica imperialista” del régimen de La Habana.

Uno de los ensayos más difundidos de Marty, Lo que todo revolucionario del siglo XXI tiene que saber (Sobre sus hipocresías, enriquecimientos, fracasos, mentiras y otras cosas), es una crítica al socialismo.

Según la investigadora, para imponer su revolución Fidel Castro necesitaba seguir la fórmula comunista y expandirla a su vez por América Latina: “Esta ideología tan nefasta que, por supuesto, traen a casa desde la Unión Soviética. Una ideología que nace en el seno de Karl Marx y de Engels, con ese famoso Manifiesto [del Partido] Comunista de 1848, y los primeros en aplicar esa ideología con esa Revolución Bolchevique, en Rusia, junto a Lenin y todos esos personajes, que fueron claramente asesinos y personas que avasallaron los derechos humanos”.

La joven liberal reprocha como se permitió que, desde los primeros años de su revolución, Fidel Castro enviara a agentes como Guevara a formar y asesorar grupos marxistas en diferentes partes del mundo.

“Desde ese momento Cuba estuvo interfiriendo en los asuntos internos de otros países, y hoy lo está haciendo con Venezuela y con tantos países a lo largo de la región, a pesar de que muchas veces se subestime el rol que está teniendo y que ha tenido Cuba en esto desde hace 60 años”, destacó.

Cuba lo tenía todo

La Cuba pre-revolucionaria “era un país que lo tuvo todo”, asegura Marty. “Un país que tuvo tanto crecimiento económico, tan consolidado, tantos avances. Un país que fue uno de los más potentes. Lo que tenemos que tener en claro los latinoamericanos es que el caso de Cuba es fundamental para entender los grandes y graves problemas que genera el socialismo”.

“Mi mensaje, no sólo para la juventud cubana sino también la venezolana y todos los jóvenes que están padeciendo los atropellos que genera el socialismo, es que sigan empujando a favor de una batalla en favor de la cultura y la educación liberal. Es lo que hay que implementar: ideas que funcionen. Las ideas que generan progreso y avance a lo largo de la historia”, manifestó la autora de La dictadura intelectual populista, prologado por Álvaro Vargas Llosa y Alejandro Chafuen.

"Lo que todo revolucionario del siglo XXI tiene que saber", libro de Antonella Marty.
"Lo que todo revolucionario del siglo XXI tiene que saber", libro de Antonella Marty.

Marty, miembro del consejo ejecutivo y directora regional para Argentina y Chile de Estudiantes por la Libertad, y cofundadora del Grupo Joven de la Fundación Libertad, opina que es a la juventud cubana a quien corresponde cambiar el socialismo por el liberalismo.

“Esa juventud cubana tiene que empujar más que nunca para llevar adelante una contrarrevolución, precisamente, a todo este aparato marxista, ideológico, tóxico y nefasto que han generado los hermanos Castro desde hace 60 años, más de medio siglo operando en un mismo sistema”, advirtió en un episodio del espacio EnFoco, disponible en las plataformas digitales de Radio Televisión Martí.

El momento más fuerte de todo este camino

Cuba, en palabras de Marty, es “una isla que duele”. Hace unos dos años viajó a la isla y se reunió con miembros de grupos de la disidencia y la resistencia interna como las Damas de Blanco. Su encuentro con estas mujeres que marchan a favor de la libertad y que piden la liberación de los presos político, ha sido “uno de los momentos más fuertes de todo este camino, de alguna forma, en las ideas de la libertad”.

“Entré, recuerdo, a la sede de las Damas de Blanco y me dicen: Antonella vos sabes que todo lo que estás hablando, todo lo que nos estás diciendo, ellos lo saben. La casa está repleta de micrófonos y cuando salgas bajá la cabeza y camina lo más rápido que puedas porque la cuadra está repleta de cámaras. Y yo eso lo sentí durante unas dos horas y no puedo imaginar lo difícil que debe ser vivir la vida de esa manera, con un régimen, con una ideología como es el comunismo, que penetra absolutamente la mente y la esencia del ser humano”, relató.

Cuenta que en ese mismo viaje intentó conocer las librerías cubanas: “Solamente encontré una, en pleno centro de La Habana, y no veía libros que fueran nuevos, de los últimos 20 años. Todo era anterior”.

Otra de sus experiencias negativas en Cuba fue “prender la televisión en el hotel de Cuba y lo primero que veo es el himno de Venezuela cantado por Hugo Chávez. Eso nos dice mucho. E incluso el intento de acceso a Internet, lo difícil que es acceder a Internet para un cubano, que tiene un salario promedio de 15 dólares”.

“Y esas son las maneras que tiene este régimen tan nefasto, que arruina naciones que en otro momento han sido tan prósperas. Cuba es un país que tenía un ingreso per cápita mayor al de países como Austria o como Japón. Cuba era el tercer consumidor de proteínas del hemisferio [occidental] y hoy está reducido a una triste libreta de racionamiento”, lamenta.

La ruina del Castrochavismo

Para Marty, quien realizó estudios en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Abierta Interamericana y es investigadora asociada de la Fundación para El Progreso, la persistencia del castrochavismo representa el peor momento político y socio-económico que ha experimentado América Latina.

El intelectual cubano Carlos Alberto Montaner ha reseñado los libros de Antonella Marty.
El intelectual cubano Carlos Alberto Montaner ha reseñado los libros de Antonella Marty.

“Venezuela en 1980 tenía el PIB per cápita más alto de nuestra región, un país que tenía el bolívar, que fue en otro momento una moneda de respaldo, en la que el mundo quería ahorrar, la gente quería tener bolívares, y hoy vemos las calles de Venezuela incluso a veces repletas de bolívares que no valen nada. Y esas son las consecuencias de lo que puede hacer una ideología tan tóxica como es el socialismo, que se ha cobrado a más de 150 millones de víctimas en toda la historia, en todo el mundo, y que se ha probado en todo tipo de sociedades, con todo tipo de religión, en todo tipo de cultura, y el resultado siempre ha sido el mismo”, argumenta la autora.

Cuba y Venezuela

“La relación tan fuerte y casi carnal, que han tenido Cuba y Venezuela a lo largo de toda nuestra historia y cómo por no haber hecho nada con Cuba y por dejar que el régimen castrista opere durante 60 años en la región, tranquilamente, y nosotros acostumbrados y de alguna forma conviviendo con una dictadura tan criminal, asesina y violadora de derechos humanos durante tanto tiempo, hoy estamos pagando las consecuencias”, aseveró.

En el año 1958, antes de esa revolución comunista en la isla de Cuba, el presidente de Venezuela Wolfgang Larrazábal [23 de enero de 1958-14 de noviembre de 1958] es una persona que [estando 8 meses en el poder] apoya con financiamiento a esas guerrillas que se estaban organizando en Cuba. Entonces Venezuela desde el primer momento tiene una relación cercana, efectivamente cercana, con esta revolución castrista que se va a dar luego en esta isla”.

Capitalismo: un antídoto contra la pobreza

La defensa de las ideas liberales y el sistema capitalista ante la ideología socialista, es un leitmotiv en el pensamiento, el activismo y la producción intelectual de Marty.

Los seres humanos vivimos mejor que en cualquier otro momento de la historia”, dice en su último libro, Capitalismo: un antídoto contra la pobreza.

“Hasta hace muy poco todos los seres humanos se encontraban bajo el umbral de la pobreza extrema y tenían una esperanza de vida de no más de 30 o 35 años (si contaban con cuotas de suerte y lograban sobrevivir a las abundantes adversidades). No hace mucho tiempo que esto cambió: hace doscientos años el 90 % de todos los seres humanos que habitaban nuestro planeta estaba en la categoría de pobreza extrema. Las personas están saliendo de la pobreza de una manera constante desde hace siglos y es hora de abrir los ojos y admitirlo de una buena vez, aunque el socialismo, tan desgastado en su accionar y en su discurso, lo quiera ignorar. Todo este gran proceso de avances comienza su punto de partida intelectual, en buena parte, entre los siglos XVII y XVIII con la gran Ilustración y con las bases del liberalismo clásico, que viene a representar un alto a los abusos del autoritarismo y una voz de lucha contra cuestiones como, por ejemplo, la esclavitud, el racismo o las torturas”, escribe Marty en su nuevo libro.

Convocan a Convención de Cubanidad dedicada a Lecuona

Asistentes a la II Convención de la Cubanidad en Miami.

La institución cultural Ego de Kaska Foundation convoca a la III Convención de la Cubanidad con el objetivo de promover y divulgar el quehacer del arte, la literatura y las ciencias culturales de los isleños de la diáspora y el exilio.

Los organizadores del evento han previsto desarrollar la III edición anual de la Convención de la Cubanidad, cuyo escenario será la ciudad de Miami el domingo 31 de mayo del 2020.

Logo de la Convención.
Logo de la Convención.

Los artistas, escritores e investigadores de la cultura cubana del exilio y la diáspora podrán participar de un programa en calidad de delegados de la Convención.

La tercera edición de la Convención estará dedicada al 125 aniversario del natalicio del músico cubano Ernesto Lecuona.

El maestro de la música Ernesto Lecuona.
El maestro de la música Ernesto Lecuona.

El tema central del evento será: La ensoñación de lo cubano y el sentido de la cubanidad del exilio y la diáspora.

La Convención propone entrever una nueva dimensión artística, cultural, promocional y espacial del exilio y la diáspora a través de conferencias magistrales, presentaciones de libros y revistas, mesas de debates (arte, literatura y ciencias culturales), expos y venta de libros de editoriales locales, performances artísticas, reconocimientos de autores y artistas destacados y entrega del Premio ensayo Ego de Kaska.

Comisión Organizadora está integrada por Ángel Velázquez Callejas, Roger Castillejo Olán, Rafael Marrero, Julio Benítez, Denis Fortún, Humberto Castro, Joaquín Gálvez y Armando Nuviola.

Evocan el oficio del editor de cine Nelson Rodríguez Zurbarán, fallecido en Miami a los 81 años

Nelson Rodríguez Zurbarán en la moviola, la mesa de edición.

Con la muerte de Nelson Rodríguez Zurbarán a los 81 años, el cine cubano pierde no solo a su editor más venerado, con una carrera en la que destacan Lucía, de Humberto Solás, y Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, ambas de 1968; Tránsito, de Eduardo Manet (1964), y La primera carga al machete, de Manuel Octavio Gómez (1969).

Pierde también a uno de sus grandes cineastas.

“Yo trabajé con él y no entendía cómo lo hacía”, dijo el jueves en Miami Jorge Abello (Tuti), editor a su vez de La Bella del Alhambra (1989), Alicia en el pueblo de Maravillas (1991), Clandestinos (1987) y Los pájaros tirándole a la escopeta (1984). “Nelson tenía un sentido espectacular de la edición; tenía su propio método”.

En esta foto tomada en 2009 aparecen Nelson Rodríguez Zurbarán (al centro); su pareja, Marcelino Pérez Hernández (derecha) y el investigador Manuel Zayas (Foto: Antonio Hens).
En esta foto tomada en 2009 aparecen Nelson Rodríguez Zurbarán (al centro); su pareja, Marcelino Pérez Hernández (derecha) y el investigador Manuel Zayas (Foto: Antonio Hens).

A su talento inmenso, Rodríguez Zurbarán unía la condición de ser en sí mismo una escuela. Jorge Luis Borges decía que el hecho capital de su vida era la biblioteca de su padre, y subrayaba la importancia de leer para escribir. No sé si alguna vez lo dijo, pero Nelson Rodríguez encarnaba la variante cinematográfica de esa verdad: para hacer cine –y para hablar de cine-- hay que ver mucho, mucho cine.

A veces me parecía que él era una de las pocas personas que habían visto todo el cine.

“No cortaba como nosotros, que cogíamos el celuloide pa’lante y pa’trás”, relata Abello. “Como que cortaba el guión, le ponía números; iba mirando las tomas buenas y les ponía números: 5, 7, 15, 3… Después ponía en orden todos esos cortes y el resultado era casi la película hecha en el primer corte. Él casi no tocaba el celuloide, fumando todo el tiempo”.

El editor de cine Jorge Abello.
El editor de cine Jorge Abello.

En cine, el “primer corte” de una película es la primera versión terminada por el editor, normalmente sujeta a variaciones.

Para entender mejor el testimonio de Abello le pido que explique con más detalles a qué se refiere cuando habla de que Rodríguez Zurbarán les ponía números a los cortes.

Menciona entonces los criss-cross, las escenas de diálogos de dos personajes que en cine se filman primero desde la perspectiva de uno y luego desde la perspectiva del otro, a veces con la espalda de alguno de los dos dentro del plano, para más tarde seleccionar en el montaje los mejores cortes y armar la secuencia.

“El veía que este diálogo era mejor en esta cámara; veía que la toma 3 de este actor era la mejor, y la marcaba en el guión, porque trabajaba con el guión en una mano y un lapicero en la otra", detalla Abello. “Marcaba una cara del corte 5 y la otra del corte 7, y cuando pegabas eso era el criss-cross perfecto; tenía la habilidad de ver el diálogo. Era un creador”.

Nelson Rodríguez Zurbarán en una imagen tomada de su cuenta de Facebook.
Nelson Rodríguez Zurbarán en una imagen tomada de su cuenta de Facebook.

El oficio de editor de cine suele ser complicado, recuerda Abello, porque los directores llegan al cuarto de edición con una idea preconcebida de la película que no necesariamente fue la que consiguieron en los rodajes.

“Cuando estás filmando lo ves y lo sientes todo en el set: si había un día bonito, cómo olían las flores”, explica Abello. “El editor no: el editor lo que ve es lo que le llega al cuarto de edición. Por eso hay una lucha siempre entre el director y el editor. Nelson era un editor que sentía la imagen. Él lograba poner en perspectiva el verdadero valor de la imagen en función de lo que quería el director”.

Porque, después de todo, el editor es quien tiene en sus manos el proyecto entero, añade.

“Le das la intensidad y el ritmo a la película”, comenta Abello. “Mira The Irishman [el más reciente largometraje de ficción de Martin Scorsese], que no tiene ritmo ninguno. El editor es el que le da el tempo; el que comprime todas las artes en una; el que debe tener visión de artista y de público”.

Nelson era un tipo muy culto que tenía su propio método para hacer eso, indica Abello.

Cuando el cineasta Carlos Lechuga le preguntó a Rodríguez Zurbarán por “una actriz de toda la vida”, Nelson no vaciló: “Bette Davis, la más grande”. “¿Cómo vives ahora alejado de la sala de montaje?”, vino después, y la respuesta fue: “Viviendo”. Su consejo para los jóvenes cineastas: “Aprendan a vivir”.

“¿Marcelino?”, preguntó Lechuga refiriéndose a su pareja. “Marce es lo mejor de mi vida, 30 años together”.

Nelson fue durante muchos años profesor de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, al suroeste de La Habana.

“Del talento de Nelson Rodríguez Zurbarán, de su capacidad creadora, de su sentido del ritmo y la buena estructura en la edición, de su amor a sus alumnos y sus clases, y de la pasión con que asumía cualquier proyecto, ya todos sabemos, es público”, escribió en Facebook el cineasta cubano Mario Crespo. “Pero para los que no lo conocieron personalmente, me gustaría decir que fue el mejor amigo que se puede desear, sincero hasta herir y a la vez solidario, con unas ganas de vivir inmensas. Un fiel colaborador de todos los que empezamos cuando ya él era un gurú”.

Le sobrevive su pareja, Marcelino Pérez Hernández. Sus restos serán cremados y las cenizas echadas al mar.

Félix Anesio: "La libertad no se entrega en bandeja de plata: hay que ganársela responsablemente" 

El escritor Félix Anesio. (Foto tomada de su Facebook)

Félix Anesio, escritor, poeta, ingeniero y guantanamero por más señas, es nuestro invitado a esta variante de Hilo de Ariadna que es el espacio Dile que pienso en Ella, donde los hijos de la isla hablan de Ella y de sí mismos, en Ella y lejos de Ella, demostrando que la ausencia no es precisamente olvido y que, junto al dolor, siempre terco, rebelde y consistente, habita un amor sin atenuantes.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Siempre pendió sobre mí la Espada de Damocles de la implacable política oficial del gobierno hacia toda persona que pensara diferente. Por ello, siempre estuve viviendo en una encrucijada, intuyendo el momento y la posibilidad de partir, aún sin desearlo de manera consciente.

Desde mis tiempos de estudiante en el Colegio De La Salle presagiaba que algún día habría de abandonar el país junto a mis padres, o sin ellos, lo que sería mucho más terrible. Era mucha la afrenta, el daño psicológico y social. Términos, consignas y frases adversas como: curas falangistas, niños bitongos, explotadores, gusanos, pérdida de la patria potestad, bloqueo yanqui, presidio político, crisis nuclear, drenaje de cerebros, exilio, patrias o muertes coreados por millares…, poblaban un entorno draconiano.

Vi partir a familiares y amigos a los que tenía que darlos por muertos, porque nunca más tendría noticias de ellos, lo cual en muchos casos fue cierto. Pero mis padres aún esperaban —aferrados en su estoicismo— a que las cosas cambiaran, incluso después de que perdieron los bienes adquiridos durante toda una vida y de que mi padre estuviera preso en (la cárcel de) Boniato. Esa prisión fue algo sumamente traumático para toda mi familia; una mácula con la que habría que cargar ante aquella sociedad tumultuosa y vengativa.

En esos tiempos, recuerda que soy guantanamero, muchos amigos abandonaron el país a nado por la Base Naval (de Guantánamo). Mis padres temían que cualquier noche mis hermanos y yo diéramos el peligroso paso en el que te jugabas la vida. Solo los tranquilizaba el hecho de que soy mal nadador, de hecho, casi no sé nadar.

En la universidad estuvieron a punto de expulsarme en las tristemente célebres comisiones de depuración, porque la misión de la universidad era graduar técnicos revolucionarios y yo, según ellos, era incompatible por mi creencia y mi forma idealista de pensamiento. Durante años estuve esperando la expulsión, cada día, cada noche… Pero dada mi tozudez, mi empeño y mi talento, me gradué finalmente en el 1975 con notas excelentes, pero con un expediente que acotaba serias deficiencias ideológicas.

No obstante, mis padres apelaban a que ejerciera mi profesión decorosamente. También el padre Pastor González Sch. P., nuestro guía espiritual (consejero de Mons. Pedro Maurice Estiú) nos exhortaba a lograr un espacio propio, a pesar de las muchas presiones del sistema. Así pasaron los años y alcancé un gran prestigio profesional, aunque no contara con militancia política alguna, lo cual demandaba un esfuerzo extraordinario para salir airoso en cada proyecto.

Por toda esa historia que relato avizoraba que algo mayor habría de ocurrir, como un detonante que me impulsara, e hiciera factible, la salida del país. Una invitación que hicimos a un colega radicado en España, para impartir una conferencia en la Unión de Ingenieros fue ese detonante. Por entonces, yo era presidente de los ingenieros hidráulicos en mi provincia y coordinador de las cinco provincias orientales, pero debido a ese solo hecho que refiero, fui expulsado de la organización y de mi labor de más de 25 años. Muchos colegas fueron sancionados. Este suceso fue divulgado por Radio Martí, según conocí después.

Nunca tuve vocación de paria… Fue entonces que tomé la riesgosa decisión de presentarme ante la Oficina de Intereses de los EEUU para obtener el visado, el cual me fue concedido de inmediato en la categoría de profesional desestabilizado. El temor paralizante de todas las etapas anteriores de mi vida había sido definitivamente exorcizado, anulado.

En el año 2000 pude viajar junto a mi esposa a los EEUU. Sabía que nunca más vería a mis padres; ellos lo sabían y me dijeron, no sin lágrimas: “Hijo, vete y no regreses nunca”. No los vi morir y eso ha sido uno de los episodios más duros y tristes de toda mi vida.

Momentos antes de partir escribí un poema relacionado con esta circunstancia y que reza:

Farewell

Si he de partir

dejando en unos la impresión de estar loco.

Si he de partir

dejando en otros la impresión de estar cuerdo.

Y esperar como un eterno adolescente

la justificación a este acto de mi vida

dejando atrás ingentes memorias y recuerdos.

Y mientras tanto, Dios se ausenta y quedo sumido

en el lacerante horror del desamparo.

Qué más da, si mi destino no es otro que partir.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

El otro lado no era nada ajeno para mí. De hecho, había estado con mis padres en el 58-59 aquí en Miami y en Tennessee. Y es que yo —como guantanamero natural— nací y me crié entre gringos; conocía de primera mano sus costumbres y cultura, y aprendí bastante bien la lengua desde niño. Recuerdo que aquí celebramos—en Biscayne Boulevard— el triunfo de la revolución a la salida de Batista. Entonces regresamos a Cuba en marzo del 59 y el resto es historia…

¿Qué encontraste?

Al llegar definitivamente en el 2000, encontré un país que seguía funcionando acorde a su Constitución y a los principios del derecho. Claro que no es un País de Jauja; hay notorios contrastes: polarización desmedida de la riqueza, la clase media erosionada, problemas con las migraciones, las drogas y la violencia, etc. Ya sabemos que el mundo es cambiante y complejo, pero este país se fundamenta, a pesar de todo, en el principio que reza “E pluribus unum” y eso lo hace garante de toda su grandeza. Un país en que mis hijos logran sus metas y donde han nacido mis tres nietos perfectamente bilingües que conocen nuestras raíces y que, como gesto empático, quizás, dicen ser cubanos.

Personalmente —y esto lo quiero destacar— encontré un orden decoroso que propició el surgimiento de mi literatura, aspecto que ha dado una razón capital a toda mi existencia.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Que lo importante es trabajar y aplicarse, ya que del cielo no caen las cosas.

¿Qué es para ti la Libertad?

El derecho que tiene todo hombre a pensar y hablar sin hipocresía (cito al Maestro), a trabajar para el bien de su familia dentro de una sociedad que respete la honradez y los derechos de cada uno de sus ciudadanos. Pero la libertad no se entrega en bandeja de plata: hay que ganársela responsablemente.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Puedo decir que tengo dos patrias, dos culturas fragmentadas e integradas en mi conciencia: Cuba y los Estados Unidos. En una de ellas viví por 50 años —y sagrados son sus mejores recuerdos y vivencias, a pesar de todas las contingencias que relato—. En la otra llevo casi 20 años y en ella he podido desarrollar esa gran pasión que es la literatura, sin la cual nunca hubiera estado plenamente conformado como persona.

Confrontaciones de José Abreu Felippe

El escritor cubano exiliado José Abreu Felippe.

Como he dicho antes en ocasión de la novela Dile adiós a la Virgen, 2003, José Abreu Felippe es uno de esos escritores a la vieja usanza -quizá los únicos que existen-, quienes viven no por, ni para la literatura, sino que sus vidas mismas son la literatura o, al menos, materia prima para la obra literaria, gente rara que se deja la piel, y a veces el alma, en el texto, en la elaboración del texto, quiere decir, de existencias como pretextos.

Y ahora agrego que tres virtudes existen que a mi entender no han de faltar al verdadero hombre de letras: vivencia, videncia y valor para contarla. Bueno, esa trinidad de virtudes adorna al autor que hoy tengo el honor de presentarles con motivo de su libro de relatos Confrontaciones.

Confrontaciones del escritor José Abreu Felippe.
Confrontaciones del escritor José Abreu Felippe.

En este breve volumen de trece relatos Abreu Felippe aborda los temas recurrentes de su obra anterior, el amor, la muerte, la vejez, la soledad, el sexo, la violencia, la vida y la transvida (esto último se aprecia magistralmente en el relato Negro y blanco), en fin, los temas trascendentes de siempre que conforman la gran literatura universal, y dentro de esa temática, claro, las particularidades de los subtemas sociales, políticos y religiosos que han tocado, entenebrecido y trucidado el cuerpo, pero sobre todo el alma, del autor.

En Confrontaciones Abreu Felippe puede crear de la nada, o de situaciones anodinas, una atmósfera de ansiedad, suspense y terror, así en el relato El intruso un desconocido, habitante de las calles por más señas, toca en una tranquila noche a la puerta de dos pacíficos hombres modernos -de esos que aún confían en que su vida está segura en manos de la divinidad estatal- y pide algo de comer y después, por si fuera poco, pasar al baño, en un país y en una ciudad donde, según se lee en el relato Te voy a matar … ya nadie, ni siquiera la policía, dispara a una pierna o al cuerpo del elegido, no, a la cabeza, preferentemente a la cara, entre los ojos parece ser el sitio ideal.

El autor es capaz de sorprendernos desde la cotidianidad misma y dar un inesperado giro a una solución que veíamos venir acorde con la dogmática al uso que nos tienen acostumbrados, inducen e imponen a diario los los dulcemente dictatoriales medios de difusión o disfunción masiva, así en Voy a ser mamá uno espera un encendido alegato a favor del matrimonio homosexual pues una pareja de lesbianas, o una de ellas, muy femenina, ha decidido ser mamá mediante la donación del semen, no in vitro sino en vivo por vía de un antiguo amigo, lo que su pareja acepta a regañadientes y con unas estrictas medidas de seguridad, al punto que exige que su amante reciba al varón completamente tapada con una capucha estilo burka, de manera que sólo exponga su parte pudenda y no pueda, por otra parte, ser tentada ante la vista del cuerpo varonil, Vade retro Satana. Pero como vista hace fe, la que ve y ha impuesto las condiciones termina al otro día abandonando a su amante para juntarse con el antes odiado varón.

En el último relato titulado Plenilunio, cierre redondo, el autor aborda, mediante el encuentro en la cama entre un atildado cubanoamericano formado en EE.UU y una desinhibida y despampanante cubana recién arribada en el éxodo de isleños por las selvas centroamericanas, el choque de trenes entre dos culturas que el discurso al uso, superficial y optimista, da por sentado que sería una y la misma cultura, pero que la realidad, profunda y pesimista, se encarga de desmentir a diario.

A mi entender Abreu Felippe logra con este relato retratar la rajadura, fragmentación probablemente definitiva de la nación cubana -si es que nación alguna vez hemos sido- en dos configuraciones que se avistan aleladas desde dos alejados horizontes en el ademán de un abrazo imposible; una faena que correspondería más a la ensayística que la literatura pero que, como siempre, es la buena literatura quien primero y mejor lo hace.

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