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Arte y Cultura

Prestigiosa organización de escritores denuncia renovada ola represiva en Cuba

Logo del Pen Internacional.

El Pen Internacional, organización de escritores con sede en Londres, denunció una renovada ola represiva contra escritores y periodistas cubanos.

"PEN Internacional y el Centro PEN Cubano de Escritores en el Exilio condenan las detenciones arbitrarias a las que han sido sometidas intelectuales, escritores, artistas y periodistas, y hace un llamado urgente a las autoridades cubanas a cumplir con sus obligaciones bajo el derecho internacional como firmante del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que asegura la libertad de expresión, el derecho de no ser detenido arbitrariamente y el derecho de un juicio justo. Como firmantes a este Pacto las autoridades están obligados a abstenerse de actos en virtud de los cuales se frustren el objeto y el fin de un tratado", plantea el comunicado publicado esta semana.

Específicamente expusieron el caso de los periodistas Ricardo Fernández Izaguirre y Roberto de Jesús Quiñones Haces quienes a juicio del Centro PEN de Cuba en el Exilio y PEN Internacional son "muestra del recrudecimiento de las políticas cubanas relacionadas con la libertad de pensamiento, acceso a la información, expresión y de culto".

En el caso del periodista, poeta y abogado Roberto de Jesús Quiñones Haces, condenado el 7 de agosto de 2019 a un año de cárcel por los delitos de resistencia y desobediencia, el PEN pide a las autoridades que garanticen que su sentencia no está relacionada con su periodismo.

"Entre las tácticas represivas utilizados por las autoridades cubanas están las amenazas, citaciones, interrogatorios, detenciones arbitrarias, allanamientos y decomiso de equipos periodísticos u otros bienes, y la limitación arbitraria de la libertad de movimiento. Entre los periodistas hostigados por ejercer sus derechos a las libertades de expresión y asociación son Ricardo Fernández Izaguirre y Jorge Olivera Castillo", señala la declaración del PEN.

El comunicado recuerda la detención el pasado 14 de agosto del escritor Jorge Olivera Castillo junto con su esposa, la defensora de derechos humanos Nancy Alfaya Hernández.

También denuncia la detención prolongada el pasado 12 de julio de Ricardo Fernández Izaguirre, reportero independiente, residente en la ciudad de Camagüey, colaborador de los medios de comunicación 14ymedio y La Hora de Cuba, así como de la página Solidaridad Cristiana Mundial.

“La represión en contra de los creadores cubanos en la actualidad, con mayor énfasis en periodistas independiente y blogueros, se recrudece, ya que emana y se sostiene gracias a la política represiva instituida a todos los niveles de la sociedad cubana”, declaró la junta directiva del Centro PEN de Escritores Cubanos en el Exilio.

De Cienfuegos al corazón de New York: el crossover gráfico de Antonio Prohías

Entre las imágenes de Antonio Prohías en Nueva York, esta es la preferida de su hija Marta. "Es como si dijera: 'Vengo a comerme el mundo" (Cortesía/Familia Prohías).

“Dibuje algo ahí”, le dijeron en New York los editores de la revista Mad al caricaturista cubano Antonio Prohías cuando fue a buscar trabajo el 12 de julio de 1960 acompañado de su hija Marta.

Le entregaron lápiz y papel, y en cuanto Prohías tomó el lápiz y se dispuso a hacer unos trazos, le quitaron el papel.

“No sé cómo, pero por la forma en que sujetó el lápiz se dieron cuenta de que él sabía dibujar”, cuenta ella.

Así entró Prohías a Mad, la revista satírica ilustrada que más profundamente ha marcado la cultura norteamericana de 1952 a 2019. "Mad excavó un túnel a la cultura estadounidense", dijo la revista The New Yorker.

En esta foto de 1974 frente a la sede de la revista Mad en Nueva York aparecen, de izquierda a derecha, el subdirector artístico Len Brenner, el editor William M. Gaines, Prohías, el dibujante Angelo Torres y el escritor Nick Meglin (Cortesía/Familia Prohías).
En esta foto de 1974 frente a la sede de la revista Mad en Nueva York aparecen, de izquierda a derecha, el subdirector artístico Len Brenner, el editor William M. Gaines, Prohías, el dibujante Angelo Torres y el escritor Nick Meglin (Cortesía/Familia Prohías).

Aquel mismo día, recuerda ahora su hija Marta Pizarro, le compraron dos o tres historietas de Spy vs. Spy, herederos directos del que había sido su personaje más conocido en Cuba: El Hombre Siniestro, que aparecía en la revista Bohemia.

Desde que estaba en La Habana con planes de venir a Estados Unidos, Prohías se dio cuenta de que la political correctness norteamericana iba a cerrarle el paso a un personaje que lo mismo le cortaba el rabo a un gato que le quitaba un juguete a un niño. Para no ofender a nadie, el nuevo hombre siniestro tendría que hacerse daño a sí mismo… o a un alter ego. Y en plena Guerra Fría en Nueva York, nada más propicio que un espía contra otro.

Caricatura inédita de Antonio Prohías, hecha para celebrar el 25 cumpleaños de Spy vs. Spy y nunca publicada en la revista Mad(Cortesía/Familia Prohías).
Caricatura inédita de Antonio Prohías, hecha para celebrar el 25 cumpleaños de Spy vs. Spy y nunca publicada en la revista Mad(Cortesía/Familia Prohías).

Además de la perversión, los Espías y el Hombre Siniestro tenían otra cosa en común: sus historietas no necesitaban textos, lo mejor para un dibujante de extraordinario talento cuyo Talón de Aquiles habría sido tener que aprender a hablar y escribir en inglés en el frío Manhattan del destierro; algo que, por cierto, observa su hija, nunca hizo.

“El cerebro mío no trajo esa pieza”, le decía él.

ÚLTIMOS MESES EN LA HABANA

A Prohías no le gustaba ver televisión, cuenta Marta, pero un día de enero de 1959 cruzó la sala de su casa desde el rincón que ocupaba su mesa de trabajo hasta el lado opuesto, donde estaba el televisor, y se detuvo a mirar imágenes de la llegada de Fidel Castro a La Habana.

“¡Qué malo está esto! ¡Mussolini entrando en Roma!”, dijo, se dio vuelta y volvió a su mesa para seguir dibujando.

No había pasado mucho tiempo antes de que pudiera confirmar que la comparación no era un chiste. Varias caricaturas suyas publicadas en el semanario humorístico Zigzag, la revista Bohemia y el periódico El Mundo incomodaron lo suficiente al Duce tropical para que emprendiera su primera operación de censura periodística disfrazada de salvaguardia de la “revolución”.

En febrero del propio 1959, Prohías renunciaba a su sección en el periódico El Mundo con una enigmática carta al director, Raoul Alfonso Gonsé.

La carta de renuncia de Prohías a su sección de la caricatura editorial del diario El Mundo, presentada el 13 de febrero de 1959 (Cortesía/Colección Familia Prohías).
La carta de renuncia de Prohías a su sección de la caricatura editorial del diario El Mundo, presentada el 13 de febrero de 1959 (Cortesía/Colección Familia Prohías).

Aunque mi decisión parezca incoherente, le decía, lleva en su gravedad “el más fiel reflejo de acosamiento de conflictos y desajustes económicos de esta profesión, con el agravante de otro, de índole privada”.

Las caricaturas que más irritaron entonces a Castro, de acuerdo con su hija Marta y con Fabiola Santiago, autora de un texto incluido en el libro Spy vs. Spy-Omnibus, que publicó en 2011 la revista Mad, fueron la de una calavera que decía sentada frente a un plato vacío: “Señores, qué difícil es comer con un martillo y una hoz”, y la del propio Fidel Castro seguido por un ejército de personajillos con bombín, símbolo de la politiquería oportunista.

“Reparto de tierras en la Sierra”, puede leerse en el extremo superior izquierdo del dibujo, y a la derecha dos guajiros hablan: “Oiga, Compay, ¡como tiene ahora gente Fidel!”.

Esta fue una de las caricaturas que le costó a Antonio Prohías la temprana condena de Fidel Castro en 1959 (De Prohías Político/blog de Enrisco).
Esta fue una de las caricaturas que le costó a Antonio Prohías la temprana condena de Fidel Castro en 1959 (De Prohías Político/blog de Enrisco).

En la sección de su blog titulada Prohías Político, el escritor Enrique del Risco (Enrisco) reproduce esa caricatura y cita la reacción que provocó pocos días después en Fidel Castro mientras daba un discurso en la refinería Shell:

“Me pintan a mí rodeado de bombines. Y yo me pregunto: ¿Dónde están los bombines?, porque no tengo ni escolta”, protestó el entonces primer ministro. “Porque todo el mundo me ha visto cómo ando por las calles, todo el mundo me ha visto cómo ando por las calles casi solo a cualquier hora del día y de la noche”.

Y luego el ensayo de cinismo que tantas veces le serviría para desacreditar públicamente a sus críticos.

“Yo no creo que nuestros artistas sean tan poco originales, yo no creo que nuestros artistas sean tan poco revolucionarios, que la única manera que tengan de divertir al pueblo sea haciéndole daño al pueblo”, declaraba Castro; “que la única manera que tengan de divertir al pueblo sea haciéndole daño a la revolución, sembrando la intriga y sembrando la insidia contra la revolución".

“Señores, qué difícil es comer con un martillo y una hoz”, dice al pie esta caricatura de 1959, una de las que desató la ira de Fidel Castro (Cortesía/Familia Prohías).
“Señores, qué difícil es comer con un martillo y una hoz”, dice al pie esta caricatura de 1959, una de las que desató la ira de Fidel Castro (Cortesía/Familia Prohías).

En un primer momento Prohías consideró irse a Venezuela, pero luego se decidió por Estados Unidos, recuerda Marta. Fue desde entonces, aún en La Habana, que ya estaba organizando ideas y preparando lo que sería Spy vs. Spy.

Hay dos grandes caricaturistas cubanos que llegaron muy lejos en Estados Unidos: uno es Prohías, y el otro es Conrado Walter Massaguer (1889-1965), una muestra de cuya obra --por cierto-- expone el Museo Wolfsonian de la Universidad Internacional de la Florida hasta el 2 de febrero del 2020.

PROHÍAS, LA FAMILIA Y EL EXILIO

Salió de Cuba solo, el 1 de mayo de 1960, con planes de que le siguieran su esposa Marta Zamora y los hijos, Marta y Antonio. Pronto empezó a ganarse la vida haciendo caricaturas editoriales para dos diarios hispanos de New York.

Un boceto de La Mujer Siniestra (Cortesía/Familia Prohías).
Un boceto de La Mujer Siniestra (Cortesía/Familia Prohías).

En La Habana hubo que acelerar los planes de salida cuando Marta Zamora recibió una llamada temprano en su trabajo, el 30 de junio de 1960. Era alguien de la Embajada estadounidense: “Tienes que irte hoy”, le dijo, “en Panam”. Porque un avión de la aerolínea Panam ya era territorio estadounidense, recuerda la hija.

Volaron directamente de La Habana a Nueva York ese mismo día, y se instalaron en la habitación con cocina de un hotel al final del barrio de Queens. Allí, después que terminaban de comer, Prohías ponía sobre el fogón y recostaba contra la pared una tabla que le servía de atril, y en aquella tabla pasaba largos ratos dibujando.

En la redacción del diario El Mundo (tercero de derecha a izquierda) con colegas no identificados (Cortesía/Familia Prohías).
En la redacción del diario El Mundo (tercero de derecha a izquierda) con colegas no identificados (Cortesía/Familia Prohías).

En el apartamento de La Habana, dice Marta, lo que ella recuerda es que su padre tenía el horario al revés: se iba a dormir cada mañana mientras ella y su hermano estaban preparándose para ir a la escuela. Hacer la caricatura editorial del matutino El Mundo era un oficio de madrugadas.

En el hotel de Queens, relata, había un depósito de basura al lado de la cocina. Allí iban tirando “bolitas” de desperdicios, y un buen día se dieron cuenta de que las “bolitas” caminaban. Era un ratón.

“Tenemos un huésped: Mr. Robert”, les dijo su padre a ella y a su hermano. A partir de ahí la cosa no fue tan grave. Era simplemente Mr. Robert.

Un boceto de una serie de caricaturas dedicadas a la Creación (Cortesía/Familia Prohías).
Un boceto de una serie de caricaturas dedicadas a la Creación (Cortesía/Familia Prohías).

De Queens pasaron a vivir un tiempo en la casa de un tío en Passaic, New Jersey, y luego en un apartamento de dos cuartos en el tercer piso de un edificio de Miami Beach, ocupado hasta entonces por una familia cubana que decidió regresar a la isla. Estuvieron un año, recuerda Marta. Allí nació su hermana Susana en 1961.

Prohías seguía trabajando en New York para Mad mientras la familia ya estaba establecida en Miami. En 1963, dice Marta, sus padres se divorciaron.

"LLEVA DOS DÍAS AQUÍ SIN IR A SU CASA"

Marta recuerda que, tan temprano como a sus tres años, si alguien llamaba a la casa de La Habana y preguntaba por su padre ausente cuando ella respondía el teléfono, tomaba el recado, esperaba que él llegara y le daba el mensaje con absoluta precisión.

“Hasta que un día me dijo: tú vas a ser mi secretaria”, relata.

Por eso, cuando recién llegada a New York él le pidió que la acompañara a la redacción de Mad en calidad de traductora, ella lo consideró simplemente una tarea propia de la secretaria de Antonio Prohías.

Marta Pizarro, la hija mayor del caricaturista, muestra en su casa de Miami uno de los muchos artículos inspirados por la serie de Spy vs.Spy que los fans de Prohías le enviaban desde todas partes del mundo (Foto: José Antonio Evora).
Marta Pizarro, la hija mayor del caricaturista, muestra en su casa de Miami uno de los muchos artículos inspirados por la serie de Spy vs.Spy que los fans de Prohías le enviaban desde todas partes del mundo (Foto: José Antonio Evora).

Pero no hizo falta que tradujera, añade, porque el director artístico y diseñador de la revista, John Putnam, hablaba español, y allí estaba también un dibujante hispano que hablaba con fluidez inglés y español, Sergio Aragonés.

A la semana de haber vendido las primeras historietas de Spy vs. Spy volvió a la redacción de Mad con otras, que tuvieron la misma acogida. Ese fue el principio de un ciclo profesional que terminó apartándolo del humor político y que se extendió hasta marzo de 1987, cuando, dice Marta, su padre se le apareció en Miami y le dijo que no regresaba a New York.

El caricaturista bien podía caer en el grupo de los que en Estados Unidos llaman workaholics, adictos al trabajo. Marta recuerda que una vez le sonó el teléfono y era alguien de la revista pidiéndole que llamara a Prohías. “Tu padre lleva dos días aquí sin irse a su casa”, protestaron desde el otro lado.

La redacción de Mad solía llenarse de gente joven, recuerda ella, y para darles algún souvenir la revista imprimió doilies (tapetes) de papel con los personajes e historietas más conocidos.

Entre las imágenes de Antonio Prohías en Nueva York, esta es la preferida de su hija Marta. "Es como si dijera: 'Vengo a comerme el mundo" (Cortesía/Familia Prohías).
Entre las imágenes de Antonio Prohías en Nueva York, esta es la preferida de su hija Marta. "Es como si dijera: 'Vengo a comerme el mundo" (Cortesía/Familia Prohías).

“A mi papá le daba pena que los muchachos se fueran con algo tan impersonal y para que tuvieran un original les pedía el doily, les dibujaba un Spy vs. Spy, lo firmaba y se los regalaba”, cuenta. “Y no podías decirle que te gustaba un original. Aunque hubiera acabado de hacerlo, te lo daba y te decía: Llévatelo”.

"Yo le debo la vida a su padre", le dijo a Marta uno de aquellos muchachos a quien el caricaturista empezó por regalarle un original firmado, y luego enseñó a dibujar y asesoró.

En Cuba, Prohías había ganado, entre muchos otros, el importante Premio Juan Gualberto Gómez en 1946. Cuando Fulgencio Batista huyó del país el 1 de enero de 1959, Prohías era presidente de la Asociación de Caricaturistas Cubanos. Además del personaje de El Hombre Siniestro popularizó La Mujer Siniestra, Tovarich, The Diplomat, Erizo y Oveja Negra. Ya establecido en Nueva York, le concedieron en 1960 en Colombia el Premio Mergenthaler, que lleva el nombre del inventor del linotipo.

Al centro, Prohías en Bogotá en 1960 para recibir el Premio Mergenthaler (Cortesía/Familia Prohías).
Al centro, Prohías en Bogotá en 1960 para recibir el Premio Mergenthaler (Cortesía/Familia Prohías).

Nació en la ciudad de Cienfuegos, el 17 de enero de 1921, y falleció en Miami, el 24 de febrero de 1998, a los 77 años. Sus restos descansan en el cementerio Caballero Rivero Woodlawn North Park, de Miami. Le pregunto a Marta si ella o sus hermanos Antonio y Susanita (como la llama) heredaron algo del talento de Prohías para el arte.

“Ninguno de nosotros sabe pintar”, responde. “Yo trato de pintar una vaca y parece un piano”.

Spy vs. Spy en su versión para videojuegos de Sony PlayStation.
Spy vs. Spy en su versión para videojuegos de Sony PlayStation.

DOS CARICATURISTAS HABLAN DE PROHÍAS

ALEN LAUZÁN

Cuentan que en 1960 Fidel Castro acusó a Prohías de espía. Puedo imaginarme al pichón de dictador aprovechando la rimita e inventando un cheo lemita: “¡Prohías, espía, salte de mi vía!”. Los últimos dibujos políticos de Prohías hechos en Cuba los conocí en casa de mi abuelo que como historiador coleccionaba publicaciones de esa época. Yo era muy joven para entenderlos y mi abuelo muy comprometido para explicármelos. Nunca más vi un dibujo de su autoría, no recuerdo siquiera fuera mencionado en el círculo del humor gráfico cubano.

Emigré dos años después de su muerte, conocí Spy vs. Spy gracias a Cartoon Network, supe que era cubano su creador y vi sus primeras tiras en Mad, superiores al animado. Debía existir una sala permanente de su obra en el Museo del Humor, o mejor, en el de Bellas Artes. Sus caricaturas personales de Fidel, Raúl, el Ché, Roa, Dorticós, Pardo Llada, Nikita, la República, el Tío Sam, la URSS… son la mejor crónica de su época y referentes a la hora de satirizar la mía. A sus censores y silenciadores les tengo un lemita: “¡Prohías, Prohías, yo también quiero ser de la CIA!”.

GUSTAVO RODRÍGUEZ (GARRINCHA)

Lo primero que yo vi de Prohías fue la tira de El Hombre Siniestro, en una Bohemia vieja, por supuesto. La línea del dibujo era muy parecida a la de otros dibujantes de la época, pero lo que me llamó la atención fue el tema. Yo nunca había visto nada de humor negro planteado con tanta inocencia. Ni yo conocía lo que era el humor negro en la gráfica, y mucho menos las caricaturas de Prohías, que a la larga le trajeron problemas al dibujante.

De manera que mi admiración por sus dibujos comenzó de la manera más sana, digamos: por la llana admiración artística.

Supongo que eso me llevó a interesarme por su vida, a reforzar mi aprecio por su obra total. Años más tarde, y por casualidad también, me lo encuentro en un número de la revista Mad. La línea más económica, las mismas narices de cono de El Hombre Siniestro y sus gags silentes secuenciales. Con los espías con ojos de mosca y una teatralidad igual de sabrosa en el lenguaje corporal.

Un cubano.

En la revista Mad.

Piensen en eso.

Yo no puedo hablar por todos los caricaturistas pero, en mi caso, conocer del éxito de Prohías en el exilio llevaba la cosa mucho más allá de la clásica historia de final feliz con emigrante huyendo del déspota de turno, empezando con una “manoalánte y otratrá” y abriéndose camino a punta de talento y perseverancia. Prohías escogió el humor sin texto, por razones obvias, y desarrolló un tema con una premisa sencilla que aflojó cualquier barrera cultural.

En una profesión bastante incomprendida y poco explotada, la obra de Prohías debería ser una referencia más frecuente, la verdad. No me extraña que haya más norteamericanos que cubanos familiarizados con el dibujante. A lo mejor es un síntoma interesante.

Camilo Venegas Yero: "hay que tener la valentía de ser libre, aun cuando seas un cobarde"

Camilo Venegas Yero y su esposa, Diana Sarlabous, en la Loma de Thoreau

El escritor y periodista cubano Camilo Venegas Yero, (el Fogonero de Camarones) abierto, cálido, sencillo, entra a nuestro rincón "Dile que pienso en Ella" con su particular manera de decir y su esposa, Diana Sarlabous, con quien ha construido cabaña y una hermosa historia de amor.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Mi hija Ana Rosario. Mi generación nació con la vista clavada en el año 2000. Más que una fecha, lo veíamos como un lugar donde ya se habrían hecho realidad todos nuestros sueños. Me la pasaba imaginándome mi pueblo, mi provincia y mi país en las puertas del siglo XXI.

Pero cuando por fin llegamos, mis sueños se habían hecho trizas y para la generación de mi hija no quedaba ya ni la más mínima esperanza. Entonces yo tenía 33 años, la edad perfecta para resucitar. Tuve la enorme fortuna de dar con Freddy Ginebra, los dominicanos y un país que me devolvió la capacidad de soñar y me enseñó qué significa ser libre.

Mi hija acaba de graduarse de la Universidad Carlos III de Madrid. Ella no piensa en su pueblo, su provincia o su país, porque vive en el mundo. Es muy diferente a mí y, todo sea dicho, mejor que yo. Todo a lo que renuncié el día que decidí acabarla de criar en una sociedad libre, valió la pena.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Cuando uno está encerrado dentro de Cuba, cree que (como en Tuyo es el reino, la novela de Abilio Estévez) solo hay un “Más acá” y un “Más allá”. Vives convencido de que estás realmente en la “tierra más hermosa” y que perteneces al “pueblo elegido”.

Darme cuenta de que todo eso no era más que una falacia colectiva me costó muchos tropiezos, errores y aprendizajes. El día que entendí que nadie está esperando por los cubanos, y que no nos necesitan para que el mundo siga girando, empezó mi metamorfosis, el conjunto de cambios que me trajo hasta el Camilo que soy hoy.

¿Qué encontraste?

Empecé a laborar al día siguiente de mi llegada a Santo Domingo, el 30 de noviembre de 2000. Encontré una redacción llena de jóvenes talentosísimos que eran capaces de hacer un periódico de 70 páginas en horas. No me necesitaban ni les hacía falta, pero me acogieron como si fuera uno de ellos. Compartieron hasta su plato de comida conmigo.

La velocidad con la que ellos trabajaban me daba vértigo. Mi metabolismo tuvo que deshacerse de la abulia de Cuba, un país al que el tiempo le es indiferente. Antes, para escribir, tenía que encerrarme solo en una habitación y duraba un día entero para sacar adelante una cuartilla. En El Caribe tuve que aprender a escribir delante de todos y a entregar un reportaje de mil palabras en cuestión de minutos.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

La responsabilidad que significa ser un individuo libre. Creo que esa es la mayor enseñanza que he recibido en estos 19 años de exilio. No olvido la primera vez que escribí la frase “el dictador Fidel Castro”. La borré y la volví a escribir cinco veces. Recuerdo que me preguntaba a mí mismo si eso era lo que yo realmente pensaba.

Estaba consciente de que escribir esa palabra junto a ese nombre era pasar un punto de no retorno. Salvé el documento, lo envié a diseño y luego, cuando la leí impresa en el periódico, sentí que me quitaba un inaguantable peso de encima.

He aprendido eso, María Elena: hay que tener la valentía de ser libre, aun cuando seas un cobarde.

¿Qué es para ti La libertad?

A Henry David Thoreau le llamaba la atención que los hombres (entonces, afortunadamente, no existía el lenguaje inclusivo) estuvieran hablando de libertad constantemente. Por eso, en su Diario, se pregunta “¿cuántos de ellos son libres para pensar? ¿Libres del miedo, de la perturbación, del prejuicio?”.

La libertad para mí ha sido superar miedos, perturbaciones y prejuicios a la hora de pensar y comportarme. Camus decía que la única manera de lidiar con un mundo sin libertad es “llegar a ser tan absolutamente libre que tu misma existencia sea un acto de rebelión”.

No me gusta la palabra rebelión, porque los cubanos hemos pagado muy caro sus consecuencias; pero trato siempre de que mi existencia sea un acto de honestidad. Con eso me basta para sentirme libre.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Nadie ha cambiado más mi concepto de Patria que Cuba misma. La geografía, la identidad y la nación a las que pertenezco ya no existen, fueron demolidas por una utopía que acabó mutando en una dictadura incapaz y parásita. Por eso La Habana actual me parece tan desconocida como Helsinki, una ciudad en la que nunca he estado.

Pienso a menudo en Cuba, en mi Cuba, que es la estación de ferrocarril de Paradero de Camarones (donde viví toda mi infancia junto a mis abuelos), en la gente y los lugares a los que les debo lo que es mi sentido de pertenencia. Pero al final, siempre caigo en cuenta de que nada de eso pervive.

Junto a mi esposa, Diana Sarlabous, he construido una cabaña en una montaña del Cibao dominicano. Ese espacio, al que le hemos puesto la Loma de Thoreau (por razones que unos párrafos más arriba se explican) es ahora mi geografía, como lo son todas las cosas intangibles que me definen.

Me convencí a mí mismo de que vengo de un lugar que ya no existe. Eso me hace actuar en consecuencia. Martí no lo pudo decir más claro: sin patria, pero sin amo.

Destacan vida y obra de fallecida diseñadora de modas cubana Isabel Toledo

Isabel Toledo posa en 2009 con el vestido que diseñó para la Primera Dama Michelle Obama (Foto: Reuters/Eric Thayer).

La diseñadora de alta costura cubana Isabel Toledo, célebre, entre otras muchas razones, como favorita de la primera dama Michelle Obama y por una nominación a los Premios Tony de Broadway por su vestuario para la obra After Midnight, murió el lunes a los 59 años en Nueva York víctima de cáncer de seno.

Nació el 9 de abril de 1960 en Camajuaní, en la entonces provincia de Las Villas, como Maria Isabel Izquierdo. En 1968 su familia la trajo a Estados Unidos, y creció entre Nueva Jersey y Nueva York. Un año después, cuando apenas tenía ocho, empezó a coser porque, según le dijo a CNN, no encontraba nada que le gustara hacer.

En 1984 se casó con el artista gráfico Rubén Toledo, con quien desde el preuniversitario mantenía y mantuvo siempre una estrecha colaboración artística. De hecho, él comparte con ella uno de los mayores reconocimientos hechos a su carrera: el Premio Nacional de Diseño Cooper-Hewitt, que concede el Museo Smithsonian de Diseño.

Isabel Toledo posa con alguna de sus creaciones. AP Photo/Lynne Sladky
Isabel Toledo posa con alguna de sus creaciones. AP Photo/Lynne Sladky

Calificada de genial por la curadora del Instituto Tecnológico de la Moda, Valerie Steele, y de heroína de culto por el fundador de la revista Paper, Kim Hastreiter, Toledo ha sido comparada con diseñadores como Charles James y Geoffrey Beene por su obsesión con la técnica constructiva, dice The New York Times. Ella misma, según el periódico, calificaba su trabajo de “Matemática romántica”.

Otro de los premios que mereció por su trabajo, el Couture Council Award (Premio del Consejo de Alta Costura), lo concede precisamente el Instituto Tecnológico de la Moda.

En 2014 sacó una línea de cosméticos para la firma MAC. Su colaboración con diseñadoras como Anne Klein, para quien trabajó como directora creativa, y Lane Bryant, contribuyeron a impulsar su carrera.

Vestidos de Isabel Toledo. REUTERS/Eric Thayer
Vestidos de Isabel Toledo. REUTERS/Eric Thayer

“Todo el mundo como que le robaba a Isabel”, le dijo al New York Times el diseñador de modas israelí Alber Elbaz. “Su trabajo era cuestión de volumen, corte, experimentos, un laboratorio de tela, y no se trataba solo de un momento en Instagram. Era moda”.

Reguetón aleja a jóvenes de una importante tradición: las comparsas (VIDEO)

Bailarinas cubanos se fotografían con sus celulares. AFP/ Yamil Lage

Las nuevas generaciones han perdido entusiasmo por participar de una de las más alegres tradiciones de Cuba, las comparsas del carnaval.

Santos "Santi" Ramírez, director de la comparsa “El Alacrán”, fundada en 1908, en entrevista con la agencia AFP habló de la necesidad de ganar a los jóvenes para esta fiesta popular.

"Necesitamos rescatar a toda esta juventud que ha perdido lo que es el entusiasmo con las congas, las comparsas, el carnaval, porque ha habido una fusión, una intrusión, una entrada de lo que es el reguetón y otros géneros foráneos musicales y danzarios", dijo el coreógrafo, que heredó el mando de El Alacrán tras la muerte de su padre en el 2000.

Carnaval de La Habana
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Una de las bailarinas de la famosa comparsa, Ester de La Caridad Valdés, comentó a AFP la necesidad de mantener con vida a "El Alacrán".

"Hay que mantenerla con los bailes, las actividades, festivales, competencias, pero siempre manteniendo la tradición para que no se pierda, que eso es lo más lindo que tiene nuestra Cuba, La Habana", declaró.

[Con información de la agencia AFP]

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