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  • Javier FC EL KUNTA diciembre 05, 2020 08:15

    Reflexión :

    El Granma es un órgano oficial del comité central del partido comunista. Como bien dices Marco Rubio Granma no hace periodismo. Eso es una arma de propaganda de un gobierno social comunista que ampara y protege los intereses del movimiento de la elite de los tiranos y sus ministro.

    Su nombre proviene del yate que transportó desde México al tirano Fidel Castro y otros 81 rebeldes a las costas cubanas en 1956, dando inicio a la Revolución de los tiranos .

    Ratas inmunda comunista tu fuiste el de la idea de destrozar la vida de muchas generaciones de Cubano . Vamos a darles una demostración de lo que hacemos con el barquito de papel del Granma Vamos a darle candela para que pongan sus patita y sus manos fuera de la vía publica .

    Río Tuxpan (México), 25 de noviembre de 1956. Cubierto con una larga capa, Fidel Castro supervisa la carga bajo una lluvia intensa. Las provisiones son escasas: 2.000 naranjas, dos jamones rebanados, 48 latas de leche condensada, una caja de huevos, 100 tabletas de chocolate y cuatro kilos de pan. Todo para 82 expedicionarios. Daba comienzo uno de los episodios más recordados y mitificados por el régimen castrista en los últimos 50 años. Así la odisea del barquito de papel del Granma

    El pequeño yate de recreo, cuyo nombre se debe a la abreviación de " abuela " en inglés, partía desde el puerto de Tuxpan, en el Golfo de México, para iniciar lo que el dictador Fidel, su hermano Raúl, y el quebrantahuesos Che Guevara y otros 72 desaliñados rebeldes llamaban la "liberación de Cuba " del "monstruo sanguinario " de Batista. Era el inicio de la Revolución de los rebeldes tiranos, que acabó en una de las dictaduras más largas del siglo XX y que aun perdura en el tiempo .

    A mediados de septiembre de 1956, un amigo mexicano de los expedicionarios, Antonio Conde, le dijo al futuro tirano de Cuba "Quiero ir hasta río Tuxpan para ver un yate que quiero comprar ". Cuando el joven tirano vio la embarcación, aseguró .Este es el barco que me va a llevar a Cuba. Y así lo hizo, a pesar de que le intentaron convencer de que era una embarcación demasiado pequeña e inadecuada para una expedición de 82 hombres.

    Nadie conseguía decirle no al futuro tirano Fidel Castro, reconocía Conde en la biografía del Che escrita por Reginaldo Ustariz.

    El mayor de los Castro estaba tan eufórico que incluso se había atrevido a retar a Batista en una declaración pública 10 días antes . " Voy a Cuba con mi Ejército de Liberación. Vamos a desembarcar un día de estos y a iniciar la guerra contra ese monstruo sanguinario ", dijo. Por aquella amenaza fue reprendido por uno de sus compañeros, Alberto bayo, que le espetó ¡Pero déjese usted de bravadas, coño! Qué esto no es cachondeo.

  • Javier FC EL KUNTA diciembre 05, 2020 08:20

    Reflexión :

    El Granma, convertido hace años en monumento nacional, medía menos de 14 metros y tenía una única cubierta. Apenas tuvieron tiempo de arreglarle el motor y el embrague, que patinaba. No parecía ni de lejos el mejor vehículo para iniciar un golpe de Estado. El plan era provechar la huelga general que los grupos opositores a Batista desatarían en La Habana y extenderían a toda la isla unos días más tarde, pero poco después de zarpar se dieron cuenta de que no llegarían a tiempo.

    Nada más echarse al mar, el oleaje barrió la cubierta e inundó todos los recovecos del barco. Comenzaban las dificultades. Se pasaron medio viaje achicando el agua a baldazos, durante seis días insoportables y desmoralizadores. Sobre todo el quinto, que era el previsto para desembarcar y comenzar la invasión. " Hoy es 30 de noviembre, ya deberíamos haber llegado. ¿Me quieren decir qué mierda hacemos acá? ", preguntó deprimido uno de los agotados tripulantes. Nadie contestó, aunque todos pensaban lo mismo.

    Nadie hubiera dicho que aquellos rebeldes se habían pegado por embarcar rápido en Tuxpan, cuando corrió el rumor de que no iban a caber todos. Las fuerzas estaban por los suelos, mientras el Granma continuaba navegando con su bandera rojinegra izada en la popa, las luces apagadas y en medio de de un fuerte temporal. " En aquel pedazo de tabla no se podía dar un paso ", contó Sanchez Amaya en la biografía del Che escrita por Hugo Gambini, convertida en best - seller en Argentina.

    El 1 y 2 de diciembre, el barco aún daba vueltas buscando desesperadamente la luz del faro de cabo Cruz, en Cuba, pero la situación era catastrófica. El combustible, los alimentos y el agua prácticamente se habían agotado. Pero con las primeras luces del alba de aquel día 2, y nada más intuir la isla a lo lejos, Fidel, angustiado, ordenó avanzar a toda velocidad hacia la costa. Antes de llegar, el Granma encalló en un enorme manglar, con tan buena suerte que, a solo dos kilómetros, había una playa en la que hubieran podido desembarcar sin contratiempos. "La peor ciénaga de la que jamás haya visto u oído hablar ", escribió el tirano Raúl Castro en su diario.

    Utilizaron el bote auxiliar para llevarse las armas del Granma, pero no aguantó el peso y se hundió en el cieno con su valioso cargamento. Todo eran calamidades, según contó Castro años después " Más de cuatro horas sin parar, apenas para atravesar aquel infierno. Los expedicionarios sólo lograron avanzar 500 metros por cada hora de fatigoso andar ". La costa, en aquel fango, parecía inalcanzable.

    Nada más hundirse en el lodo e iniciar la marcha hacia tierra firme, comenzaron a escuchar el fuego del Ejército de Batista, por lo que el futuro tirano, que por aquel entonces tenía 31 años, ordenó que cada hombre se olvidara de su equipo y se salvara. "Explosivos, provisiones de municiones, víveres y medicinas tuvieron que ser abandonados ", según la versión del desembarco reconstruida por Leo Huberman y Paul M. Sweezy.

    "Constituíamos un ejército de sombras, de fantasmas, que caminaban como siguiendo el impulso de un oscuro mecanismo psíquico , recordaba el quebrantahuesos del Che años después.

    Al llegar a la costa ya casi había amanecido. Había que salir de allí cuanto antes para que no les divisaran los aviones, por lo que el futuro dictador arengó a gritos al resto de rebeldes: ¡Iremos a las montañas. Hemos llegado a Cuba y triunfaremos!. Pero nadie se creía semejante perorata. Acababan de perder todo el equipo en aquella ciénaga y caminaban con botas nuevas que les provocaban llagas, sin víveres y con un cansancio feroz. ¿A qué montaña iban a trepar si no tenían fuerzas ni para seguir andando en el llano? Pero lo hicieron.

    Aquel sólo fue el comienzo. Pero aún quedaban otros tres de lucha en la selva y más medio siglo de dictadura.

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